sábado, 24 de febrero de 2018

Te van a decir que le olvides.
Que olvides la forma en la que te hacía reir,
que olvides todos los besos que te dió,
que le olvides a él y lo que te hizo sentir.
Que olvides la forma en la que te hizo florecer,
que olvides los momentos en los que te hizo feliz.
Pero hoy, después de haber intentado no recordarte, te digo:
"Olvidales tú a ellos".
No debes negar aquello que por un tiempo te importó,
aquello que quisiste
y que, tal vez, te quiso.
No debes ignorar lo que por un momento te hizo perderte,
que te hizo daño
y te obligó a levantarte,
limpiandote las heridas con saliva.
Habrá un día en el que te levantarás y te darás cuenta de que lo has superado. Le recordarás y ya no sentirás con la misma intensidad que antes.
Pero recuerda,
aquellos que te tocan el corazón
no se alejan de tu mente.

lunes, 12 de febrero de 2018

No existen los finales felices, por el simple y mero hecho de que el fin de algo lo que produce nunca es alegría.
El fin de la vida de una persona, el fin de una relación, el fin de un gran momento. Hay diferentes sentimientos cuando este irremediable hecho sucede: dolor, tristeza, desorientación, despesperanza...
Hoy me toca despedir a la alegría de Almería, a una andaluza de sangre y corazón que cada vez que deciamos que ibamos 5 a comer, hacía comida para 20. Hoy debo despedirme de mi abuela. Debo decir adiós y dejarla ir. 
Debo decir adiós a la sonrisa más sincera de toda mi vida,
a sus "bueno, pues ya está",
a su preocupación por que todos comieramos bien,
a sus:
"-¿y esos pantalones tan rotos?
+ es la moda, abuelita
- madre mia, toma 10€ y comprate otros."
Debo decir adiós a la mejor cocinera en cuya casa absolutamente nadie pasaba hambre,
a agarrarte la mano,
debo despedirme de la mujer más fuerte y luchadora que el mundo ha conocido.
Inevitablemente me despido con lágrimas en los ojos, pero prometo que me levantaré y sonreiré. Por ti. Porque siempre te has desvivido para que seamos felices.
También prometo que obligaré a comer a todos, que nadie lleve pantalones rotos y que no pasen frío. También, haré que el abuelito tenga las piernas en alto.
Abuelita, siento no haberte dicho lo mucho que te quiero, sabes que no soy una persona de mostrar sentimientos. Pero ojalá lo sepas.
Dejas un gran vacío aqui, solo espero que allí arriba seas feliz. Que te reciban con la misma ilusión con la que tú nos has recibido todos estos años. Ojalá te den mucha agua de tu pueblico.
Hoy hay una estrella más en el cielo.
Gracias por tu serenidad en medio de todas las tormentas.
Te quiero muchísimo.
Descansa.

domingo, 7 de enero de 2018

Soy un desastre.
Sé que siempre empiezo mis escritos diciendo lo mismo, pero es la realidad.
Soy la indecisión en persona,
soy una hecatombe.
Soy un terremoto,
un desastre natural.
Quiero más de lo que me quiero a mi y, aun así, siempre espero salir bien parada.
Mi corazón está ya harto de recibir tantos golpes. Porque sí, aunque no lo parezca. Lo tengo, lo juro. Pero prefiero mostrar lo contrario.
Quiero parecer valiente,
fuerte,
luchadora
aunque todo sea mentira.
Prefiero guardármelo todo dentro y alejar a los demás para no hacer daño.
Puedo tener pistola en mano,
que me acabaré disparando.
Y siempre acabo acertando,
donde más duele.

miércoles, 3 de enero de 2018

Tengo como almohada tu pecho desnudo.
Te oigo respirar,
jadeante,
recuperándote de la última batalla liderada.
Te colocas el pelo,
me descolocas el alma.
Te declaro manantial en medio de un desierto cuando me besas el cuello.
Y me proclamas súbdita de Afrodita cuando bajo las sábanas consigo hacerte suplicar que no pare.
Te confieso cómplice del carnal encuentro con mis caderas.
Y me concedes el último suspiro de nuestro pecado compartido.
Apoyas tu cabeza en la almohada
y noto las yemas de tus dedos,
escribiéndome un poema sobre la espalda.
Sonries cuando te declaro el poeta
que me desnudó en un verso.
Te ries porque sabes lo utópico que suena,
porque conoces cada nudo de mi garganta,
de mi pecho,
de mi estómago.
Y sabes que no hay humano,
dios,
ni universo
capaz de desvestirme la coraza.
Pero tú no sabes que cuando me miras,
me penetras el alma
y siento que solo tú eres capaz
de deshacer mi armadura.

Vive.
Vive ahora.
Quién sabe si existe un mañana.
Vive porque todo tiene fecha de caducidad.
Hasta la vida.
Aprovecha el presente.
Quiere.
Dejate querer.
Olvida el miedo.
Cómete el mundo.
Y que te coman bien.
Si esa persona te quiere, pero no te hace bien, déjala ir.
Vive, por favor, vive.
A lo mejor mañana, ya es demasiado tarde.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Estoy cansada
de la gente,
de mi vida,
de mi misma.
Cansada de la monotonía,
de la rutina,
de saber qué voy a hacer cada día.
Cansada de vivir sin sorpresas,
de arriesgar y perder,
cansada de esperar algo imposible.
Estoy cansada,
de parecer la mosquita muerta,
de ser buena,
de todos los golpes que me da la experiencia.
Estoy cansada
de querer y no poder,
de las mentiras,
de las falsas esperanzas;
si no me quieres,
no me digas que lo haces.
Cansada de las personas,
de mantenerles en pie mientras yo me derrumbo,
mientras mi vida en ruinas no es más que un museo que visitar.
Cansada de no conocer a nadie
que de por mi, lo que yo doy por él.
Estoy agotada
de caerme una y otra vez,
sin aprender.
Estoy agotada de pensar esta vez si
y que resulte como todas las veces anteriores,
un fracaso.
Estoy agotada,
fisica
y psicológicamente.

martes, 28 de noviembre de 2017

Maldito sea tu incendio,
que me quema la mano por intentar coger la tuya.
Hace tiempo que quise escribir esto, pero nunca encuentro palabras.
Contigo tengo tantos sentimientos que siempre dejo el folio en blanco, por no tener la manera de expresarlo.
Debo alejarme.
Porque te has convertido en pecado del cura mirando la falda corta de una mujer casada.
Te has convertido en la piruleta prohibida de un niño cuya madre le ha exigido no acercarse a ninguna.
Ahora, eres la jodida chuleta de un estudiante en un examen, tan apetitosa como peligrosa.
Eres una droga pura para un drogadicto.
Y yo, gilipollas, no me dí cuenta hasta que ya era tarde.
No me dí cuenta de las ganas que tenía siempre de escuchar tu voz.
De las sonrisas traviesas que aparecían en mi boca cada vez que nos besábamos.
De lo mucho que me gustaba tu barba de tres días y acariciar tus mejillas.
De las ganas que tenía de hablarte cada día y contarte lo mierda que había sido, porque no había estado contigo.
Y, mientras yo estaba ciega en mi propio mundo, otra descubría tu estúpida forma de reirte mirando a los ojos. Y quién no iba a enamorarse de eso.
Si, es cierto.
Soy un desastre.
Soy una bomba apunto de detonar.
Soy un corazón de acero, que nadie consigue fundir.
Pero llegaste tú.
Llegaron los sentimientos y la montaña rusa de estos.
Yo que nunca había sido capaz de sentir nada.
Ahora, ya no me ves de la misma forma pero sigues teniendome en tu mente.
Ahora actuamos como dos jodidos desconocidos,
sabiendo todo
el uno del otro.