Tengo ganas de llorar y de huir.
Tengo un miedo encerrado entre las costillas que a penas me permite respirar.
Tengo pánico a estallar por los aires y me aterra el pensar en la gente que entra de puntillas en mi vida para después largarse sin decir adiós.
También, tengo ganas de ti. Y miedo.
Me asusta reabrir heridas que creía cerradas y no pretendo releer un capítulo cuyo libro ya acabé.
Soy chica de metáforas que ni yo entiendo pero necesito escribir.
Tengo ganas de volver a hablar y hallar un sentido al conjunto de palabras que escribo.
Pero da igual, porque sigo teniendo ganas de llorar, también de huir. Y de ti.
lunes, 18 de marzo de 2019
domingo, 17 de marzo de 2019
Donde hubo fuego, cenizas quedan.
Y tú, alma perdida, decidiste visitar los escombros que provocó el tornado.
Pero debes conocer, querida, que aquel que se acerca a un cristal roto, se acaba cortando.
Volviste herida.
Y aún te extrañas.
Abriste lo que creías que había cicatrizado y solo era una herida seca que nunca quisiste cerrar.
Releiste el capítulo y te paraste en aquella página con la esquina doblada. Marcapáginas tan prohibido como tentador.
¿Sigues extrañandote, estúpida, de la sangre que desliza por tu piel?
Cuesta superar una puerta cerrada en las narices dejandote inmóvil de pies y manos.
Pero ahora, cariño, debes seguir bailando al ritmo de los cristales rotos de tu corazón.
El espectáculo, siempre, debe continuar.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)