Maldito sea tu incendio,
que me quema la mano por intentar coger la tuya.
Hace tiempo que quise escribir esto, pero nunca encuentro palabras.
Contigo tengo tantos sentimientos que siempre dejo el folio en blanco, por no tener la manera de expresarlo.
Debo alejarme.
Porque te has convertido en pecado del cura mirando la falda corta de una mujer casada.
Te has convertido en la piruleta prohibida de un niño cuya madre le ha exigido no acercarse a ninguna.
Ahora, eres la jodida chuleta de un estudiante en un examen, tan apetitosa como peligrosa.
Eres una droga pura para un drogadicto.
Y yo, gilipollas, no me dí cuenta hasta que ya era tarde.
No me dí cuenta de las ganas que tenía siempre de escuchar tu voz.
De las sonrisas traviesas que aparecían en mi boca cada vez que nos besábamos.
De lo mucho que me gustaba tu barba de tres días y acariciar tus mejillas.
De las ganas que tenía de hablarte cada día y contarte lo mierda que había sido, porque no había estado contigo.
Y, mientras yo estaba ciega en mi propio mundo, otra descubría tu estúpida forma de reirte mirando a los ojos. Y quién no iba a enamorarse de eso.
Si, es cierto.
Soy un desastre.
Soy una bomba apunto de detonar.
Soy un corazón de acero, que nadie consigue fundir.
Pero llegaste tú.
Llegaron los sentimientos y la montaña rusa de estos.
Yo que nunca había sido capaz de sentir nada.
Ahora, ya no me ves de la misma forma pero sigues teniendome en tu mente.
Ahora actuamos como dos jodidos desconocidos,
sabiendo todo
el uno del otro.
martes, 28 de noviembre de 2017
miércoles, 22 de noviembre de 2017
Me quitaste la coraza
y viste todo el interior de mi cuerpo.
Observaste la mecánica de mi corazón,
asombrado,
de que siguiera intacta a pesar de los golpes.
Viste al pájaro encerrado en mis costillas,
con ansias de salir a descubrir mundo.
Con un deseo de libertad imposible de controlar.
Miraste, como un niño mira los cuadros en un museo (sin entender nada), el pequeño funcionamiento de mis órganos.
Parecia como si los 7 enanitos trabajaran en cadena,
para no dejarme morir.
Descubriste las pequeñas espinas que salían de mis pulmones,
dificultando mi respiración,
protegiéndome de manos ingratas que tratan de alcanzar mi corazón.
Para destrozarlo.
Te diste cuenta de que en mi estómago ya solo había mariposas
muertas.
Ya no revoloteaban,
ya no me ilusionaban.
Observaste detenidamente mi pequeña máquina.
Entonces,
cargaste la pistola con balas de palabras.
Disparaste.
'Cuidate mucho' dijiste,
cuando me abandonaste,
desangrándome.
lunes, 20 de noviembre de 2017
Voy en el bus mirando por la ventana
y quiero saber por qué esa pareja discute,
por qué ese niño llora
y por qué esa mujer abraza tan fuerte al que podría ser el hombre de su vida.
Quiero saber,
conocer,
historias de la gente,
personas con las que compartes tiempo,
oxigeno,
vida.
Quiero saber por qué cuando miro al cielo no veo estrellas,
si es por contaminación o la hipocresía de las personas,
quiero saber si se ha cubierto con una manta gris o si el gilipollas de turno decidió decir que no existe el cambio climático.
Quiero saber,
conocer,
cambiar el mundo.
Quiero que la señora que llora a mi lado en el metro, sonria y piense que la vida es un poco más bonita.
Quiero que el hombre que está a cubierto en la entrada del banco, deje de pedir comida,
que le sonría la suerte con ese boleto de lotería que se compró con todo lo que tenía.
Quiero que dejen de mirar por encima del hombro a ese niño que no tiene un techo para resguardarse.
Quiero que el hombre con traje de Louis Vuitton que pasó por mi lado deje de creerse superior por tener empleo,
ese que tanto odia con el que compra cosas que ni siquiera necesita,
como dicen en el gran Club de la Lucha.
Quiero que se luche por la igualdad,
que se acepten los derechos,
que esas dos chicas se besen sin miedo a recibir una paliza.
Porque la jodida sociedad está putrefacta
y está matando al mundo.