¿Recuerdas la chica que nunca levantaba la mano en clase? Esa que intentaba pasar desapercibida... esa niña que intentaba no enseñar ni un centímetro de su cuerpo porque se avergonzaba o simplemente porque su cuerpo se había convertido en una cárcel para ella. La chica demasiado delgada, la chica "plana", la chica de las gafas y las trenzas hacia un lado, la chica tímida/ vergonzosa, la miedosa... ¿La recuerdas?
Ella ha crecido, se ha empezado a querer a si misma y a estar orgullosa de sus complejos. Ha dejado de sufrir por no estar lo suficientemente delgada ni por cumplir los cánones de belleza impuestos por la sociedad, que no, que no le ha dejado de importar su físico pero se quiere tal y como es y está más guapa que nunca. Ahora, no le importa enseñar su cuerpo, es libre, sabe que no tiene cuerpo de infarto, ni 'piernas de taquicardia' pero se ha dado cuenta de lo bonita que es por dentro y por fuera, que ni la primavera de Neruda son comparables con ella. Que la confianza aun no la maneja, pero quiere hacerlo.
Hace lo que le da la gana, vive, rie como si no hubiera mañana, no tiene límites, baila pensando "¡qué viva el ridiculo!", se divierte, disfruta como si el mundo se acabara el mismo día...
Sigue teniendo defectos, inseguridades y miedos pero qué jodidamente aburrido sería el mundo sin ellos.
Y sé que esto carece de sentido, de lógica, que no tiene ni pies ni cabeza, pero esto es mi vida, mis cambios, mis mejoras.
Soy yo abriendome, por primera vez, al mundo para dejarle un mensaje bien claro: "He empezado a quererme y pisar fuerte, no te asustes, pero voy a comerte".
martes, 30 de agosto de 2016
Mi vida, mis cambios...
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