jueves, 28 de septiembre de 2017

Hay días que te cansas de fingir, te encuentras agotada tanto emocional como físicamente y no tienes fuerzas para simular que aún eres feliz, que la tristeza no te tiene sumisa de sus deseos ni que bailas su compás.
Hay días que te das cuenta de que lo que creías superado, no lo estaba tanto. Que te sigue afectando aquello que pensabas que estaba olvidado. Que sigues teniendo la espina venenosa que tanto has intentado sacar de tu cuerpo.... sin éxito.
Hay días que abandonas, tiras la toalla, te cansas, dejas de luchar y vuelves a tener el sentimiento que tanto quisiste hacer desaparecer.
Vuelves a ahogarte en vasos de chupitos, vuelves a no poder respirar, a los nudos en el pecho y las constantes ganas de llorar.
Vuelve la depresión, esa enfermedad que tantísimo te costó ocultar, que tanto intentaste apartar. Vuelve cuando, por fin, habías aprendido que de ella no se sale, si no que convives toda tu vida.
Vuelven los ataques de ansiedad y el no poder controlar tu cuerpo.
Vuelven los monstruos que encontraste bajo tu cama y escondiste en tu armario.
Vuelve aquello que te volvió fría, lo que te hizo perder los sentimientos y te produjo más dolor de la cuenta.
Mi error fue autoconvencerme de que estaba bien no estar bien, te das cuenta de que seguir en pie a pesar de los golpes no sirve para nada si ya has muerto por dentro.
Hazme caso que no está bien, no está bien sentirse inútil, insegura, sin valor. No está bien sentir que no eres nadie y que tu nombre queda pronto en el olvido de todos aquellos que pasan por tu lado.
Y es que como dijo Dorthy Rowe "La depresión es una prisión en la que eres tanto el prisionero como el cruel carcelero".

domingo, 10 de septiembre de 2017

Cuando era pequeña me enseñaron que el sexo va unido al sentimiento y la adultez al matrimonio.
Cuando era pequeña me enseñaron a que las princesas necesitan un principe que escale una alta torre para salvarlas y las bese para despertarlas.
Cuando era pequeña me enseñaron que los chicos no lloran y apenas tienen sentimientos.
Cuando era pequeña me dijeron que la felicidad iba unida al éxito.
Cuando era pequeña me enseñaron que una mujer que se acuesta con muchos hombres es una guarra y un hombre que se acuesta con muchos hombres es una abominación.
También, cuando era pequeña... me di cuenta de lo enferma que estaba la sociedad.
Entonces crecí y aprendí:
que el sexo con sentimientos está sobrevalorado,
que el matrimonio es una forma de opresión y dependencia,
que un tio no tiene que venir a salvarme del dragón porque puedo hacerlo yo sola, que no tiene por qué besarme cuando estoy dormida porque eso es una forma de violación.
Aprendí que los hombres eran HUMANOS y, como todos, tienen sentimientos.
Que las personas más existosas no son las más felices y, a veces, las que menos tienen son las que más dan.
Aprendí que una mujer guarra es aquella que no se ducha y huele mal, pero una mujer que se acuesta con todos es aquella que vive su vida sin importarle la opinión de nadie.
Que el sexo entre dos personas del mismo género es igual que entre dos personas de diferente, que la única enfermedad la tienen los que critican la homosexualidad y se llama: mente cerrada.

Cuando crecí, aprendí.