martes, 29 de noviembre de 2016

No sé pasar un día sin beber café.
No sé no contagiarme la risa cuando oigo a un niño reir.
No sé planchar.
No sé cuál es la mejor televisión del mercado, ni el mejor móvil, ni ordenador.
No sé nada de tecnología.
No sé dejar de sonreir cuando me han dicho una buena noticia.
No sé bailar.
No sé salir bien en las fotos.
No sé cantar.
No sé dejar de ser ridícula cuando salgo con mis amigas.
No sé ver una película de miedo sin agarrar de la mano a alguien.
No sé discutir.
No sé seguir las modas.
No sé nada de derecho.
No sé estudiar.
No sé ligar en una discoteca.
No sé cómo no pasarse con las copas.
No sé olvidar momentos (o personas) que durante un tiempo me hicieron feliz.
No sé escuchar una canción pegadiza y no tararearla.
No sé aprender a quererme.
No sé no mirar los labios cuando tengo ganas de besarlos.
No sé besar.
No sé salir de casa sin colonia.
No sé entrarle a un chico.
No sé mentir.
No sé exteriorizar mis sentimientos.
No sé demasiadas cosas sobre mi vida.

Pero por ti...
                            lo aprendería todo.

martes, 15 de noviembre de 2016

Yo nunca he sabido escribir.
He vomitado sentimientos en forma de versos,
buscando un mínimo de cordura
que yo no poseo.
Tampoco he aprendido a vivir,
a vivir en brazos ajenos,
ni a llamarlos 'hogar'.

Hay muchas cosas que se me pasan por alto,
como la sonrisa de ese chico de la cafeteria,
mientras yo pensaba en ti,
o la mirada de mi amiga diciendome
'eh, esta es tu noche, sácale a bailar'.

Aun me queda mucho por conocer,
por conocerme,
por conocerte.
Saber si eres de los que sonrie en mitad de un beso
o de los que mira a los ojos
segundos después de darlo.
O de esos que besan con los ojos abiertos y el corazón cerrado.

Si eres de los que rien cuando recuerda la noche más ridícula de su vida.

O si eres, como yo, de los que se quedan mirando a un punto fijo,
soñando con los ojos abiertos.
Nos llaman utópicos,
pero prefiero soñadores.

No sé cómo elegir el camino correcto,
no sé cómo escribir,
no sé cómo es vivir,
no sé cómo eres, ni sé cómo soy.

Pero a esta locura de versos,
palabras, sílabas o sonidos,
los he llamado vida,
porque es lo más cercano que voy a estar de saberlo.

martes, 1 de noviembre de 2016

Todo son risas hasta que ves como le agarran el culo de la misma forma que lo hacías tú.

Todo son risas hasta que te das cuenta de como le cogen la cara para, seguidamente, guiarla hacia el pelo y darle un abrazo de esos que nunca acaban,
de esos que reconstruyen Roma
y las ruinas del pecho.

Todo son risas hasta que le ves sonriendo por una de sus bromas,
y nadie sabe que, en realidad, sonrie observando su boca,
sus comisuras giradas hacia arriba que le contagian las ganas de vivir.

Todo son risas hasta que le ves mirarla con la misma ilusión
que un niño mira a su madre después de la guardería.

Todo son risas hasta que le ves feliz con 'otra'.

Todo son risas hasta que te das cuenta de que ya no tienes cabida en su vida,
que la ha reconstruido
cuando tú aún te estás levantando.

Todo son risas hasta que te das cuenta de que ya te ha olvidado,
que debes apagar la luz, cerrar la puerta y lanzar la llave por el puente.
Debes abandonar el campo de batalla,
con el único pensamiento:
"sigue adelante".