Estamos tan obsesionados con nosotros mismos que olvidamos los pequeños detalles que nos rodean. Aquellos mínimos detalles que nadie valora.
Vamos por la calle en nuestro mundo, cascos puestos y diez ventanas de "whatsapp" .
Nos encerramos diciendo que la vida es una mierda y el mundo da asco.
Y no nos damos cuenta de que el hijo de la vecina ha dicho su primera palabra.
El autobusero ha cambiado su perfume y se ha arreglado un poco más, que posiblemente en su mente esté la frase "Hoy es mi día".
La profesora de matemáticas se ha maquillado, se ha pintado los ojos y hoy sonrie un poco más. Hoy se ve guapa.
El conserje abre la puerta con una sonrisa de oreja a oreja porque por fin algo le sale bien.
La chica que corre siempre frente tu casa, ahora va a acompañada y se rie de sus chistes malos. Quién sabe si no es el amor de su vida.
Nadie se da cuenta de que los niños del parque están experimentando su primer amor, están felices por cogerse la mano y nerviosos por si alguien les "pilla".
No te has fijado en la chica del supermercado que quiere dejar marca por donde pasa y camina con la cabeza alta.
¿Viste la sonrisa de una mujer al saber que va a ser madre por primera vez? Ese pequeño instante en el que las lágrimas amenazan con salir de sus ojos formando cascadas pero sonríe. Nada puede estropearle ese momento.
¿Te fijaste en el chico de la camiseta a rayas? Ese que lleva enamorado de una misma chica un año pero aún no ha tenido la valentía suficiente de robarle un beso y pedirle que, por favor, se quede con él esta noche.
Vosotros seguid con el whatsapp, seguid dejando que la tecnología consuma vuestra vida. Yo, mientras, disfrutaré de estos pequeños detalles que te da la vida y te hace ilusionarte pensando que aún queda un poco de esperanza en ese mundo frío y sin sentimientos.
Yo, mientras, seguiré enamorandome de la vida.