Nos equivocamos desde el primer beso
y, aún asi, luchamos por un segundo.
Nos desnudamos a contrarreloj,
como si el tiempo fuese nuestra pareja,
esperándonos en casa
y nosotros amantes del amor expréss,
enloqueciendo en un motel.
Tú deseoso de quitarme el vestido.
Yo deseante de desnudarte el alma.
Nosotros tan guitarristas en espaldas ajenas tocándolas al ritmo de un blues.
Pero todo esto, ya no es más que un recuerdo melancólico,
convertido en un frío personificado.
Nosotros que éramos tan cuerdos sin querer ataduras, o eso se suponía.
Acabamos: yo queriendo anclarme a tu figura,
mientras tú te anclabas a bares y discotecas.
Ambos acabamos enganchados.
Yo a tu recuerdo.
Tú a los culos de todas las tías que pasaban por tu lado.
Y aunque aún no le hemos puesto punto y final, cariño, te digo adiós.
Adiós, porque yo no soy una más,
yo no soy como las chicas del bar.
Adiós, ojalá no vuelvas
si no es para quedarte.