martes, 1 de noviembre de 2016

Todo son risas hasta que ves como le agarran el culo de la misma forma que lo hacías tú.

Todo son risas hasta que te das cuenta de como le cogen la cara para, seguidamente, guiarla hacia el pelo y darle un abrazo de esos que nunca acaban,
de esos que reconstruyen Roma
y las ruinas del pecho.

Todo son risas hasta que le ves sonriendo por una de sus bromas,
y nadie sabe que, en realidad, sonrie observando su boca,
sus comisuras giradas hacia arriba que le contagian las ganas de vivir.

Todo son risas hasta que le ves mirarla con la misma ilusión
que un niño mira a su madre después de la guardería.

Todo son risas hasta que le ves feliz con 'otra'.

Todo son risas hasta que te das cuenta de que ya no tienes cabida en su vida,
que la ha reconstruido
cuando tú aún te estás levantando.

Todo son risas hasta que te das cuenta de que ya te ha olvidado,
que debes apagar la luz, cerrar la puerta y lanzar la llave por el puente.
Debes abandonar el campo de batalla,
con el único pensamiento:
"sigue adelante".

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