No existen los finales felices, por el simple y mero hecho de que el fin de algo lo que produce nunca es alegría.
El fin de la vida de una persona, el fin de una relación, el fin de un gran momento. Hay diferentes sentimientos cuando este irremediable hecho sucede: dolor, tristeza, desorientación, despesperanza...
Hoy me toca despedir a la alegría de Almería, a una andaluza de sangre y corazón que cada vez que deciamos que ibamos 5 a comer, hacía comida para 20. Hoy debo despedirme de mi abuela. Debo decir adiós y dejarla ir.
Debo decir adiós a la sonrisa más sincera de toda mi vida,
a sus "bueno, pues ya está",
a su preocupación por que todos comieramos bien,
a sus:
"-¿y esos pantalones tan rotos?
+ es la moda, abuelita
- madre mia, toma 10€ y comprate otros."
Debo decir adiós a la mejor cocinera en cuya casa absolutamente nadie pasaba hambre,
a agarrarte la mano,
debo despedirme de la mujer más fuerte y luchadora que el mundo ha conocido.
Inevitablemente me despido con lágrimas en los ojos, pero prometo que me levantaré y sonreiré. Por ti. Porque siempre te has desvivido para que seamos felices.
También prometo que obligaré a comer a todos, que nadie lleve pantalones rotos y que no pasen frío. También, haré que el abuelito tenga las piernas en alto.
Abuelita, siento no haberte dicho lo mucho que te quiero, sabes que no soy una persona de mostrar sentimientos. Pero ojalá lo sepas.
Dejas un gran vacío aqui, solo espero que allí arriba seas feliz. Que te reciban con la misma ilusión con la que tú nos has recibido todos estos años. Ojalá te den mucha agua de tu pueblico.
Hoy hay una estrella más en el cielo.
Gracias por tu serenidad en medio de todas las tormentas.
Te quiero muchísimo.
Descansa.
lunes, 12 de febrero de 2018
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