domingo, 1 de octubre de 2017

Te han golpeado,
maltratado,
magullado,
acuchillado,
asfixiado,
aterrorizado,
amordazado,
cansado,
sangrado,
te han echo desear acabar con tu vida
y has seguido en pie.
Ahora los golpes no te hacen daño.
Ahora eres fuerte.
Ahora eres tú.
Ahora VIVE.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Hay días que te cansas de fingir, te encuentras agotada tanto emocional como físicamente y no tienes fuerzas para simular que aún eres feliz, que la tristeza no te tiene sumisa de sus deseos ni que bailas su compás.
Hay días que te das cuenta de que lo que creías superado, no lo estaba tanto. Que te sigue afectando aquello que pensabas que estaba olvidado. Que sigues teniendo la espina venenosa que tanto has intentado sacar de tu cuerpo.... sin éxito.
Hay días que abandonas, tiras la toalla, te cansas, dejas de luchar y vuelves a tener el sentimiento que tanto quisiste hacer desaparecer.
Vuelves a ahogarte en vasos de chupitos, vuelves a no poder respirar, a los nudos en el pecho y las constantes ganas de llorar.
Vuelve la depresión, esa enfermedad que tantísimo te costó ocultar, que tanto intentaste apartar. Vuelve cuando, por fin, habías aprendido que de ella no se sale, si no que convives toda tu vida.
Vuelven los ataques de ansiedad y el no poder controlar tu cuerpo.
Vuelven los monstruos que encontraste bajo tu cama y escondiste en tu armario.
Vuelve aquello que te volvió fría, lo que te hizo perder los sentimientos y te produjo más dolor de la cuenta.
Mi error fue autoconvencerme de que estaba bien no estar bien, te das cuenta de que seguir en pie a pesar de los golpes no sirve para nada si ya has muerto por dentro.
Hazme caso que no está bien, no está bien sentirse inútil, insegura, sin valor. No está bien sentir que no eres nadie y que tu nombre queda pronto en el olvido de todos aquellos que pasan por tu lado.
Y es que como dijo Dorthy Rowe "La depresión es una prisión en la que eres tanto el prisionero como el cruel carcelero".

domingo, 10 de septiembre de 2017

Cuando era pequeña me enseñaron que el sexo va unido al sentimiento y la adultez al matrimonio.
Cuando era pequeña me enseñaron a que las princesas necesitan un principe que escale una alta torre para salvarlas y las bese para despertarlas.
Cuando era pequeña me enseñaron que los chicos no lloran y apenas tienen sentimientos.
Cuando era pequeña me dijeron que la felicidad iba unida al éxito.
Cuando era pequeña me enseñaron que una mujer que se acuesta con muchos hombres es una guarra y un hombre que se acuesta con muchos hombres es una abominación.
También, cuando era pequeña... me di cuenta de lo enferma que estaba la sociedad.
Entonces crecí y aprendí:
que el sexo con sentimientos está sobrevalorado,
que el matrimonio es una forma de opresión y dependencia,
que un tio no tiene que venir a salvarme del dragón porque puedo hacerlo yo sola, que no tiene por qué besarme cuando estoy dormida porque eso es una forma de violación.
Aprendí que los hombres eran HUMANOS y, como todos, tienen sentimientos.
Que las personas más existosas no son las más felices y, a veces, las que menos tienen son las que más dan.
Aprendí que una mujer guarra es aquella que no se ducha y huele mal, pero una mujer que se acuesta con todos es aquella que vive su vida sin importarle la opinión de nadie.
Que el sexo entre dos personas del mismo género es igual que entre dos personas de diferente, que la única enfermedad la tienen los que critican la homosexualidad y se llama: mente cerrada.

Cuando crecí, aprendí.

domingo, 27 de agosto de 2017

Noto tu mano acariciando mis costillas,
sintiéndo poco a poco como me erizas la piel.
Noto tu boca en mi cuello,
como el vampiro buscando la carótida de su próxima víctima,
apasionados besos y delicados mordiscos.
Noto tus ojos mirándome fijamente como si intentases memorizar cada parte de mi cuerpo,
por si algún día te despiertas y no estoy en tu cama.
Noto tu mano bajándo lentamente por mi torso,
provocando los gemidos más sinceros en boca de una mujer.
Me provocas,
me activas.
Me besas la cara,
la boca,
recorres la linea de lunares de mis claviculas,
me besas el estómago,
el ombligo.
Y clavas tu bandera en la cúspide de mi placer.
Es entonces cuando me sujetas el pelo y mis uñas se convierten en garras por la pendiente de tu espalda.
Gritamos.
Gemimos.
Corremos  (nos corremos).
Nos falta el aire y nos sobra fuego.
Acaricias mi piel expectante de ti,
recorriendo con las yemas de tus dedos mis temblorosas piernas,
haciendo que me crezcan las ganas de invadirte,
de quererte.

miércoles, 12 de julio de 2017

¿No has sentido nunca la necesidad de salir huyendo?
De correr y no parar, de no saber a dónde estás yendo y seguir corriendo. De dejarte guiar por las notas que suenan en tus cascos. De hacer noche en el aeropuerto y coger el primer avión de la mañana. De no saber dónde estarás cuando despiertes, ni saber dónde dormirás por la noche.
¿Nunca has sentido la ardiente llamada de la vida piendo que dejes las responsabilidades y hagas lo que TÚ quieras?
Algo que nunca has hecho porque estabas demasiadx ocupadx intentando ser perfectx, intentando estar ahi siempre que alguien te necesitara.
¿Alguna vez lo has sentido?
Ve.
Hazlo realidad.
Que les den.

martes, 23 de mayo de 2017

Tengo piel.
Kilómetros y kilómetros de piel.
Piel que echa en falta el contacto con otra igual a ella.
Necesitada de caricias que, a veces, ella misma se proporciona.
Echando de menos, cuando no debe, la sinfonía de gemidos que provocabamos en la cama.

Tengo piel.
Actuando como capa invisible que protege cada rincón de mi cuerpo.
Es a la vez muralla protectora de sentimientos.
De miedos.
De ilusiones.
De decepciones.

Tengo piel, heridas y cicatrices.
Algunas provocadas por mi misma.
Otras debidas a todo aquello que dicen,
y que duele.

Tengo piel,
frágil como el cristal
y fácil de herir.

En ocasiones, la cubro con suaves sedas o bonitos encajes,
otras, en cambio, dejo mostrar todas mis revoluciones.
Metafórica y literalmente.

He de confesarme,
como pecador en la iglesia,
y decirte o declararte
que me encanta que desnudes mis inseguridades
y me hagas sentir cómoda con ellas,
porque sabes que ya son parte de mi.
Me encanta, también, que beses mi tristeza,
porque comprendes que todo el mundo tiene un día malo.

Tengo piel,
convertible en lienzo en días de lluvias
y en poema, los buenos días.

Tengo piel.
Y ganas de que la fundas con la tuya.

Inspirada en Hannah Baker (13 reasons why)

martes, 2 de mayo de 2017

Querida yo a los 12:

Mira, la vida no va a ser fácil, vas a querer tirar la toalla, vas a querer darte por vencida y salir corriendo.
No lo hagas.
Solo tú saldrás perdiendo con ese trato.
Sé orgullosa, pero piérdelo por las personas que realmente te importan.
No pierdas a tu mejor amigo, le echarás de menos.
No vayas por el camino fácil, al final, todos tienen obstaculos.
Quiérete, no dejes que la gente te diga lo que debes hacer. Haz lo que TÚ quieras.
Dí lo que sientes, no te quedes con la duda, no vivas con un constante '¿y si...?'.
Estudia, estudia mucho. Conseguirás grandes cosas si lo haces, recuerda que nadie te va a regalar nada en esta vida, tendrás que alcanzarlo tú. Sin ayuda. Recuérdalo.
Lucha por tu meta, pero no te obsesiones con ello, si no lo consigues a la primera, tendrás más oportunidades.
No te quedes anclada en el pasado, no vivas pensando que solo le vas a querer a él. Recuerda que si se enamoró de ti, otros podrán hacerlo.
Mirate al espejo, deja de lado los complejos, mirate y dí que eres preciosa, porque lo eres.
Eres guapa, lista e importante, eres la protagonista de tu historia.
No dejes que otros te pisen. No te hieras a ti misma, tu cuerpo es tu hogar , no tu cárcel. Recuérdalo.
Vas a ser incomprendida por mucho tiempo, no pasa nada, eres diferente y eso te hace especial, encontrarás a personas que te entiendan y sean igual, solo date tiempo.
Ah, y sé tu misma, con tu personalidad, tus más y tus menos. No cambies por nadie.
Querida yo a los 12, bienvenida a este teatro vacío al que algunos poetas llaman vida. Agarrate fuerte, porque vienen tiempos difíciles.