Noto tu mano acariciando mis costillas,
sintiéndo poco a poco como me erizas la piel.
Noto tu boca en mi cuello,
como el vampiro buscando la carótida de su próxima víctima,
apasionados besos y delicados mordiscos.
Noto tus ojos mirándome fijamente como si intentases memorizar cada parte de mi cuerpo,
por si algún día te despiertas y no estoy en tu cama.
Noto tu mano bajándo lentamente por mi torso,
provocando los gemidos más sinceros en boca de una mujer.
Me provocas,
me activas.
Me besas la cara,
la boca,
recorres la linea de lunares de mis claviculas,
me besas el estómago,
el ombligo.
Y clavas tu bandera en la cúspide de mi placer.
Es entonces cuando me sujetas el pelo y mis uñas se convierten en garras por la pendiente de tu espalda.
Gritamos.
Gemimos.
Corremos (nos corremos).
Nos falta el aire y nos sobra fuego.
Acaricias mi piel expectante de ti,
recorriendo con las yemas de tus dedos mis temblorosas piernas,
haciendo que me crezcan las ganas de invadirte,
de quererte.
domingo, 27 de agosto de 2017
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario