lunes, 20 de abril de 2015

Me perdí en tus lunares con una atracción magnética mayor a la del Triángulo de las Bermudas con los barcos, de tal manera que me era imposible dejar de unirlos.
Me perdí en tu espalda como la señal en la tormenta, como una lágrima en el mar.
Me anclé a tu cuerpo como un barco a tierra firme después de haber naufragado durante mucho, mucho tiempo.
Besé tus labios con tal pasión que juré convertirme en poeta para escribir los versos más bonitos que jamás nadie haya leido.
Acaricié tus mejillas, produciendote tales escalofrios que desde entonces el invierno me envidia. Porque sabe que soy yo quien eriza tu piel, y no su frío.
Y nos fundimos.
Y nos perdimos.
Y aqui termino.

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