martes, 21 de abril de 2015

La fortaleza de tus sábanas, con caricias bajo ella,
mientras jugamos como niños,
en un juego de adultos.
Gritamos poesía y nos movemos al son
y la cama baila,
al ritmo de cualquier canción.
Nos envidian los vecinos,
Madrid
y cualquiera que crea lo más mínimo en el amor.
Cualquiera se volvería suicida para caer por la pendiente de tu pecho,
y es que cuando la poesía se vuelve poeta,
es mucho más bonita
pues le sigue las sonrisas y las uñas por la espalda
y al mirarme a los ojos, me recuerda que estoy despierta.
Al fin me siento completa porque he encontrado la pieza
del puzzle
que me faltaba.

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