domingo, 7 de enero de 2018

Soy un desastre.
Sé que siempre empiezo mis escritos diciendo lo mismo, pero es la realidad.
Soy la indecisión en persona,
soy una hecatombe.
Soy un terremoto,
un desastre natural.
Quiero más de lo que me quiero a mi y, aun así, siempre espero salir bien parada.
Mi corazón está ya harto de recibir tantos golpes. Porque sí, aunque no lo parezca. Lo tengo, lo juro. Pero prefiero mostrar lo contrario.
Quiero parecer valiente,
fuerte,
luchadora
aunque todo sea mentira.
Prefiero guardármelo todo dentro y alejar a los demás para no hacer daño.
Puedo tener pistola en mano,
que me acabaré disparando.
Y siempre acabo acertando,
donde más duele.

miércoles, 3 de enero de 2018

Tengo como almohada tu pecho desnudo.
Te oigo respirar,
jadeante,
recuperándote de la última batalla liderada.
Te colocas el pelo,
me descolocas el alma.
Te declaro manantial en medio de un desierto cuando me besas el cuello.
Y me proclamas súbdita de Afrodita cuando bajo las sábanas consigo hacerte suplicar que no pare.
Te confieso cómplice del carnal encuentro con mis caderas.
Y me concedes el último suspiro de nuestro pecado compartido.
Apoyas tu cabeza en la almohada
y noto las yemas de tus dedos,
escribiéndome un poema sobre la espalda.
Sonries cuando te declaro el poeta
que me desnudó en un verso.
Te ries porque sabes lo utópico que suena,
porque conoces cada nudo de mi garganta,
de mi pecho,
de mi estómago.
Y sabes que no hay humano,
dios,
ni universo
capaz de desvestirme la coraza.
Pero tú no sabes que cuando me miras,
me penetras el alma
y siento que solo tú eres capaz
de deshacer mi armadura.

Vive.
Vive ahora.
Quién sabe si existe un mañana.
Vive porque todo tiene fecha de caducidad.
Hasta la vida.
Aprovecha el presente.
Quiere.
Dejate querer.
Olvida el miedo.
Cómete el mundo.
Y que te coman bien.
Si esa persona te quiere, pero no te hace bien, déjala ir.
Vive, por favor, vive.
A lo mejor mañana, ya es demasiado tarde.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Estoy cansada
de la gente,
de mi vida,
de mi misma.
Cansada de la monotonía,
de la rutina,
de saber qué voy a hacer cada día.
Cansada de vivir sin sorpresas,
de arriesgar y perder,
cansada de esperar algo imposible.
Estoy cansada,
de parecer la mosquita muerta,
de ser buena,
de todos los golpes que me da la experiencia.
Estoy cansada
de querer y no poder,
de las mentiras,
de las falsas esperanzas;
si no me quieres,
no me digas que lo haces.
Cansada de las personas,
de mantenerles en pie mientras yo me derrumbo,
mientras mi vida en ruinas no es más que un museo que visitar.
Cansada de no conocer a nadie
que de por mi, lo que yo doy por él.
Estoy agotada
de caerme una y otra vez,
sin aprender.
Estoy agotada de pensar esta vez si
y que resulte como todas las veces anteriores,
un fracaso.
Estoy agotada,
fisica
y psicológicamente.

martes, 28 de noviembre de 2017

Maldito sea tu incendio,
que me quema la mano por intentar coger la tuya.
Hace tiempo que quise escribir esto, pero nunca encuentro palabras.
Contigo tengo tantos sentimientos que siempre dejo el folio en blanco, por no tener la manera de expresarlo.
Debo alejarme.
Porque te has convertido en pecado del cura mirando la falda corta de una mujer casada.
Te has convertido en la piruleta prohibida de un niño cuya madre le ha exigido no acercarse a ninguna.
Ahora, eres la jodida chuleta de un estudiante en un examen, tan apetitosa como peligrosa.
Eres una droga pura para un drogadicto.
Y yo, gilipollas, no me dí cuenta hasta que ya era tarde.
No me dí cuenta de las ganas que tenía siempre de escuchar tu voz.
De las sonrisas traviesas que aparecían en mi boca cada vez que nos besábamos.
De lo mucho que me gustaba tu barba de tres días y acariciar tus mejillas.
De las ganas que tenía de hablarte cada día y contarte lo mierda que había sido, porque no había estado contigo.
Y, mientras yo estaba ciega en mi propio mundo, otra descubría tu estúpida forma de reirte mirando a los ojos. Y quién no iba a enamorarse de eso.
Si, es cierto.
Soy un desastre.
Soy una bomba apunto de detonar.
Soy un corazón de acero, que nadie consigue fundir.
Pero llegaste tú.
Llegaron los sentimientos y la montaña rusa de estos.
Yo que nunca había sido capaz de sentir nada.
Ahora, ya no me ves de la misma forma pero sigues teniendome en tu mente.
Ahora actuamos como dos jodidos desconocidos,
sabiendo todo
el uno del otro.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Me quitaste la coraza
y viste todo el interior de mi cuerpo.
Observaste la mecánica de mi corazón,
asombrado,
de que siguiera intacta a pesar de los golpes.
Viste al pájaro encerrado en mis costillas,
con ansias de salir a descubrir mundo.
Con un deseo de libertad imposible de controlar.
Miraste, como un niño mira los cuadros en un museo (sin entender nada), el pequeño funcionamiento de mis órganos.
Parecia como si los 7 enanitos trabajaran en cadena,
para no dejarme morir.
Descubriste las pequeñas espinas que salían de mis pulmones,
dificultando mi respiración,
protegiéndome de manos ingratas que tratan de alcanzar mi corazón.
Para destrozarlo.
Te diste cuenta de que en mi estómago ya solo había mariposas
muertas.
Ya no revoloteaban,
ya no me ilusionaban.
Observaste detenidamente mi pequeña máquina.
Entonces,
cargaste la pistola con balas de palabras.
Disparaste.
'Cuidate mucho' dijiste,
cuando me abandonaste,
desangrándome.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Voy en el bus mirando por la ventana
y quiero saber por qué esa pareja discute,
por qué ese niño llora
y por qué esa mujer abraza tan fuerte al que podría ser el hombre de su vida.
Quiero saber,
conocer,
historias de la gente,
personas con las que compartes tiempo,
oxigeno,
vida.
Quiero saber por qué cuando miro al cielo no veo estrellas,
si es por contaminación o la hipocresía de las personas,
quiero saber si se ha cubierto con una manta gris o si el gilipollas de turno decidió  decir que no existe el cambio climático.
Quiero saber,
conocer,
cambiar el mundo.
Quiero que la señora que llora a mi lado en el metro, sonria y piense que la vida es un poco más bonita.
Quiero que el hombre que está a cubierto en la entrada del banco, deje de pedir comida,
que le sonría la suerte con ese boleto de lotería que se compró con todo lo que tenía.
Quiero que dejen de mirar por encima del hombro a ese niño que no tiene un techo para resguardarse.
Quiero que el hombre con traje de Louis Vuitton que pasó por mi lado deje de creerse superior por tener empleo,
ese que tanto odia con el que compra cosas que ni siquiera necesita,
como dicen en el gran Club de la Lucha.
Quiero que se luche por la igualdad,
que se acepten los derechos,
que esas dos chicas se besen sin miedo a recibir una paliza.
Porque la jodida sociedad está putrefacta
                       y está matando al mundo.