jueves, 4 de junio de 2015

Ayer recogí los trocitos que quedaron
de cuando me rompí.
Como una botella.
Como un espejo asustado de su reflejo.
Hoy, los uní a los que quedaban adheridos a mi cuerpo,
cortando,
sangrando.
Me he dado cuenta de lo rota que he estado siempre.
Y ahora, no soy capaz de pegar los trozos,
están tan desgastados,
tan cansados.
Se me nota en las ojeras
y en la forma de caminar,
que ya no soy feliz.
Que no he vuelto a ser yo.
Que no me he vuelto a unir.
Se me nota en las veces que cruzo cabizbaja,
cual kamikaze,
los semáforos en rojo.
Como un suicida yendo a visitar a su puente amado.
Que he perdido el sentido
de la orientación,
de la vida,
de mi misma.
Y basta, saco la bandera blanca.
No vuelvo a coser los rotos,
pues de nada me sirve,
si me vuelves a abrir las heridas.
Y me rindo, tirando la toalla en el suelo de tu cuarto

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